Crece cifra de niños muertos
“Si yo pudiera hacer algo para cambiar esta realidad lo haría, pero prefiero que mi hijo descanse en paz”, dice entre sollozos una desconsolada madre que acaba de perder a su vástago, precisamente por falta de un equipo médico indispensable en un hospital.
La fatalidad a esta familia llegó el lunes, cuando el pequeño Manuel Cueva Saldaña (1) se atragantó con un grano de maíz tostado (palomita de maíz) y por falta de un equipo denominado broncoscopio rígido falleció.
Un familiar del pequeño cuenta que el accidente sucede el lunes 5 del corriente al promediar las 10:30 de la mañana, un día después de celebrar su primer cumpleaños en su vivienda de la calle Alfonso Da Silva 691, urbanización Primavera.
“Al darme cuenta que estaba atragantado hice esfuerzos para ayudarlo, pero era imposible; cada vez empeoraba, su piel empezó a tornarse color morado, a botar espuma por la boca hasta que se desmayó. Le di respiración boca a boca y reaccionó, salí corriendo a la calle a pedir auxilio de los vecinos, luego tomé un taxi y lo trasladé al hospital Regional”.
Ingresa a las 11 de la mañana, es observado en el área de Emergencia Pediátrica, luego trasladado a Cirugía, donde un otorrinolaringólogo, ante la falta de equipos, sugiere a la familia que lo trasladen a la clínica Peruana Americana.
En ésta, por más esfuerzos que hicieron los galenos el niño falleció. No revelamos los nombres de los familiares, porque están muy dolidos, pues prefieren que la herida abierta y sangrante empiece a cicatrizar.
Sí, uno más murió por falta de equipamiento indispensable en este nosocomio, en el que las autoridades no priorizaron las necesidades.
Haciendo algo de reminiscencia, fue el mismo lunes y casi a la misma hora cuando éste redactor presenciaba la agonía del pequeño Luigui Alfredo Carlos Herrera (4 meses) en una cama de la Sala de Pediatría.
De igual modo, la impotencia de un grupo de médicos y enfermeras por hacer funcionar un ventilador mecánico obsoleto para ayudar a respirar al pequeño moribundo. Todo fue en vano, el equipo médico tenía fugas por todo lado que no pudieron ser evitadas con cintas adhesivas ni injertos.
A los galenos no les quedó otra cosa que retirar el ventilador y seguir ‘bolseando’, es decir, ayudar a respirar al bebé con una bombilla manual (válvula ambu). En estas condiciones, obviamente, no soportó mucho tiempo y el martes a las 5 de la mañana murió.
Así sumaban 15 los niños muertos en dos meses en este hospital y si sumamos al pequeño Manuel que también ingresó al nosocomio y no fue atendido ya son 16.
“Los niños no deben seguir muriendo por atragantamientos, mordeduras de arañas, traumtismos ni otros males que se pueden recuperar con la ayuda de equipos adecuados”, dice un médico.
Corrobora campaña periodística
“Estas lamentables pérdidas ocurrieron en febrero y principios de marzo. Si bien es cierto, los niños llegaron en estado grave, pero si a eso se suma la falta de implementación, su recuperación es casi nula. Con ventiladores y monitores podríamos haber salvado más de la mitad de esos pacientes”, declaró hace algunos días el jefe del Departamento de Pediatría Hugo Peña Camarena, en torno a los primeros 14 niños fallecidos en el Hospital Regional Docente.
(Publicado en mayo 2008)
La fatalidad a esta familia llegó el lunes, cuando el pequeño Manuel Cueva Saldaña (1) se atragantó con un grano de maíz tostado (palomita de maíz) y por falta de un equipo denominado broncoscopio rígido falleció.
Un familiar del pequeño cuenta que el accidente sucede el lunes 5 del corriente al promediar las 10:30 de la mañana, un día después de celebrar su primer cumpleaños en su vivienda de la calle Alfonso Da Silva 691, urbanización Primavera.
“Al darme cuenta que estaba atragantado hice esfuerzos para ayudarlo, pero era imposible; cada vez empeoraba, su piel empezó a tornarse color morado, a botar espuma por la boca hasta que se desmayó. Le di respiración boca a boca y reaccionó, salí corriendo a la calle a pedir auxilio de los vecinos, luego tomé un taxi y lo trasladé al hospital Regional”.
Ingresa a las 11 de la mañana, es observado en el área de Emergencia Pediátrica, luego trasladado a Cirugía, donde un otorrinolaringólogo, ante la falta de equipos, sugiere a la familia que lo trasladen a la clínica Peruana Americana.
En ésta, por más esfuerzos que hicieron los galenos el niño falleció. No revelamos los nombres de los familiares, porque están muy dolidos, pues prefieren que la herida abierta y sangrante empiece a cicatrizar.
Sí, uno más murió por falta de equipamiento indispensable en este nosocomio, en el que las autoridades no priorizaron las necesidades.
Haciendo algo de reminiscencia, fue el mismo lunes y casi a la misma hora cuando éste redactor presenciaba la agonía del pequeño Luigui Alfredo Carlos Herrera (4 meses) en una cama de la Sala de Pediatría.
De igual modo, la impotencia de un grupo de médicos y enfermeras por hacer funcionar un ventilador mecánico obsoleto para ayudar a respirar al pequeño moribundo. Todo fue en vano, el equipo médico tenía fugas por todo lado que no pudieron ser evitadas con cintas adhesivas ni injertos.
A los galenos no les quedó otra cosa que retirar el ventilador y seguir ‘bolseando’, es decir, ayudar a respirar al bebé con una bombilla manual (válvula ambu). En estas condiciones, obviamente, no soportó mucho tiempo y el martes a las 5 de la mañana murió.
Así sumaban 15 los niños muertos en dos meses en este hospital y si sumamos al pequeño Manuel que también ingresó al nosocomio y no fue atendido ya son 16.
“Los niños no deben seguir muriendo por atragantamientos, mordeduras de arañas, traumtismos ni otros males que se pueden recuperar con la ayuda de equipos adecuados”, dice un médico.
Corrobora campaña periodística
“Estas lamentables pérdidas ocurrieron en febrero y principios de marzo. Si bien es cierto, los niños llegaron en estado grave, pero si a eso se suma la falta de implementación, su recuperación es casi nula. Con ventiladores y monitores podríamos haber salvado más de la mitad de esos pacientes”, declaró hace algunos días el jefe del Departamento de Pediatría Hugo Peña Camarena, en torno a los primeros 14 niños fallecidos en el Hospital Regional Docente.
(Publicado en mayo 2008)
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